jueves, 30 de marzo de 2017

Jueves, 30 de marzo

Precipitación, qué dura es tu doma. Tantos años leyendo los diarios de Paul Léautaud en su idioma original, y sucumbo, sin más, a una amplísima muestra de su Journal littéraire traducida a tientas por Cecilia Yepes. 
Por eso me extraña (es un decir) que un medrante, tan ufano como siempre en su epentésisco blog, se pinte leyendo a Léautaud con las piernas sobre el salpicadero del coche de su mujer, esa santa que tanto le hace de choferesa como de su mantenedora en Londres.
El medrante en cuestión es el mismo que sacó en una revista, y luego en ese blog suyo que no conoce ni la vergüenza ni el punto y aparte, una impresión de la Fira del Llibre d'Ocasió Antic i Modern de Barcelona. 
No sale bien en el retrato un librero de viejo, conocido por su acritud y sus manías insufribles, que me cedió un espacio ínfimo de su parada para que vendiera mis libros. Tampoco yo: "También están los que no están. Hace dos temporadas, me di de bruces, para mi espanto, con un poeta canario afincado en Barcelona que estaba vendiendo los libros de uno de los libreros más aborrecibles de la feria, un individuo capaz de increparte por haber desplazado unos milímetros los volúmenes dispuestos en el estante. Pensé que Dios –o el diablo– los criaba y ellos se juntaban. Este año, por fortuna, el canario que gorjea pestes no se ha personado, pero el librero, malcarado como siempre, todavía está ahí."
Solo un mogate que hace versos, funcionario de la Generalitat y ahora de la Junta de Extremadura, puede ser tan barato caracterizándome como "canario que gorjea pestes". Tantas luces se avienen, desde luego, con las de su libro La luz oída, premiado con un Adonáis.
En fin, que hay que seguir leyendo a Léauteaud en francés, y esperar, si acaso,  a que algún día aparezca alguien con buen oído y mejor tino en el arte de la traducción.
Pero, por favor, no lea usted un tocho mal traducido con los pelos al aire y los pies en el salpicadero mientras su santa lo pasea por Extremadura.

domingo, 26 de marzo de 2017

Domingo, 26 de marzo

La vida era lo que prometía que ibas a alcanzar. Más tarde fue lo que ignorabas a tus espaldas.

sábado, 4 de marzo de 2017

Sábado, 4 de marzo

Aldebarán, por encima de la luna creciente, un poco a la izquierda. Martes, Urano y Venus, casi tocando el horizonte.
El jueves envié por mensajería las pruebas corregidas de La próxima vez (2008-2009). Corregidas... Desarmaría la inmensa mayoría de los párrafos; construiría las frases de otra manera; eliminaría casi todos los adjetivos, y las tantísimas vaguedades líricas.
Con motivo de la edición de esta tercera entrega de mis diarios, es posible que viaje a Las Palmas y a Tenerife. Luego vendrá lo conocido, lo que tanto me harta. Y otra vez la soledad.
¿Voy a ser en serio un solitario? Nunca me he buscado una etiqueta, los solitarios... Solo sé que apenas tengo paciencia para con los hombres.
Ahora me gustaría estar sentado en La Punta, en un extremo del camino que sigue al mar, frente a Dos Hermanos, observando los tonos lilas y malvas del cielo, todo ello atravesado por los recuerdos flotantes, las visiones cinematográficas de las vidas vividas con dolor y torpeza.
Qué ganas de terminar ya. Demasiado tiempo aquí, demasiado.