viernes, 10 de febrero de 2017

Viernes, 10 de febrero

Subo por fin a la casa. He ido posponiéndolo varias veces esta semana. Tiro unas cuatro bolsas de basura. Llegan los operarios y acordamos un precio por el traslado, a la casa en Ganduxer y al trastero que está cerca de esta dirección. 
Antes de que llegaran, fui al Okay con ansiedad. En la misma puerta me encontré a Padilla, más nervioso, con un corte de pelo distinto, las manos hinchadas, con zarpullidos en los dedos. Ayer salió del psiquiátrico, me explicó. Lo que no me aclaraba era qué le había pasado con la policía, que se lo llevó esposado desde su casa. Más desarreglos psicosomáticos...
Yo había ido al Okay a por mi bocadillo y a sentarme a contemplar las colinas de enfrente con cierta calma. Como si me despidiera sin hacer ruido, sin hacerme mucho daño.
El 15, con el piso limpio, entrego las llaves. Siento otra vez lo que significa buena parte de la biblioteca en cajas de cartón. Pero hoy hubiera echado a la basura bastante más, solo que me encontraba demasiado cansado para esa tarea.