sábado, 31 de diciembre de 2016

Sábado, 31 de diciembre

Habían salido directamente del fregoteo para la ocasión y tomaron asiento en la terraza semivacía después de que el mayor del trío exclamara:
-¡Bon any!
-Buenas noches -respondí, y traté de que a partir de entonces apenas oyera algo de su conversación, que transcurría en castellano.
Uno ya tiene una experiencia en antropología urbana: del barrio no eran. De Cataluña, sin duda. Los más rezagados de los indígenas del barrio han desaparecido en la Sardaña, Alpes suizos o posesiones anglosajonas del Pacífico.
Ocurre lo mismo por otras fechas de festivos múltiples, que el barrio se vacía y en su lugar acuden de la Cataluña interior la gente más variopinta. A los cines de al lado. A ver si con suerte se topan con Javier de la Rosa, Alavedra, Luis del Olmo...
La chica de esta noche se tapó sus piernas festivas con una mantita de Veuve Clicquot, gentileza de la casa. Me acordé de cuando en los primeros días de septiembre las diosas de Birger Jarlsgatan se cubren sus muslos todavía morenos con mantitas sedosas. Pero la susodicha parecía, con su buen aspecto, a punto de entrar al tajo en una barra americana. Ellos, con sus depilaciones y aceites capilares, no daban la impresión de ser sus mantenidos. Quién sabe. 
A pesar del tono brusco, eran buena gente, respetuosa, que trataba de no resultar llamativos. La calle estaba prácticamente vacía, como la terraza, ya lo he dicho. Pero lo que importa es la intención, la actitud.
Recogí las dos bolsas de la compra y continué con mi regreso a casa, no sin antes despedirme con un "¡Bon any!".
Para que no se diga.