martes, 27 de diciembre de 2016

Martes, 27 de diciembre

Como siempre sucede con este sueño, la casa tenía estancias desconocidas. A medida que avanzaba, se abrían espacios impensables, que se llenaban de más y más amigos, bienamados, muertos, recientes, hasta desconocidos. Yo recién llegaba de la intemperie y de la indigencia. Descubría, en esta casa que por primera vez sentía mía, libros, cuadros, revistas... de los que he ido atesorando. Cuando alcancé lo que parecía la última habitación una escalera me condujo a una pequeña puerta: Ahí estaba el mar, era de noche, se balanceaba en paz y te acariciaba los pies.
Como la casa, el mar y yo mismo estábamos en otro país, pero mi país de origen era éste; ya no había pugna de amor en ese sentido. Éramos universales. Nunca antes habíamos gozado de existencia y ahora íbamos a existir en complacencia. 
Ha sido la versión más hermosa de este sueño único que se reiteran desde hace décadas, siempre habiendo perdido mi isla natal.
Cuando se cumpla creeré en el cielo. Por eso yo sigo a las nubes, y caigo y el viento vuelve a sostenerme,hasta que se canse de hacerlo.