miércoles, 24 de mayo de 2017

Miércoles, 24 de mayo.

¿Uno supera algo? Cada año fotografiaba los vencejos, las golondrinas, desde que empezaban a rondar por lo alto del cielo hasta que se despedían entre hogueras. Ni una foto, este año. Ni una mención, mientras los escucho que rebotan contra el alero de mi garçonnière, que arman algarabía cuando la gente regresa a sus hogares... ¿Siento menos sus alas de plata candente? ¿Siento menos que se me acercan como las hoces? No. Uno está siempre en otra parte, y en esa otra parte deja de ser. Uno existe en la dirección. En el temblor de la cuerda; en el de los párpados cuando la vida se incendia.

viernes, 19 de mayo de 2017

Viernes, 19 de mayo de 2017


Compro libros de conocidos que lo fueron y ya no lo son. Por ejemplo, una última cosa de Vila. Me  pongo a hojearlo con mucho cuidado (lo tengo a la venta en mi tienda de librero virtual) y ya no me marean las citas que plagan todos sus libros. Curiosidades de la vida: uno de sus personajes se llama Ander Sánchez, el mayor egocéntrico de Barcelona, uno de sus escritores capitales.
Me mofaba yo en Los que cruzan el mar de tres impostores:
Vila, que no sabe escribir y gracias a los traductores emociona en el extranjero.
El profesor Sánchez, unos de los grandes místicos españoles contemporáneos, cuya pureza lírica es, en rigor, tan grande como su agenda de contactos.
El Naderías de Ginebra, otro místico que marcó de rigores y sermones a la poesía española más joven.


martes, 9 de mayo de 2017

Martes, 9 de mayo

Me agota el trajinar de los pájaros. Tanto trabajo y con tanto contento. Las hormigas trabajan tanto o más que los pájaros, pero como no pían solo hacen cosquillas en silencio al dorso de la tierra. Me gusta perder el tiempo; por eso lo escribo. Perder el tiempo es como darle la vuelta al guante. El tiempo que nos va sacando rostro, tierra, voz.... y nosotros desquitándonos del tiempo con la ilusión de conseguir más espacio. Los pájaros. Las hormigas. La enorme velocidad del mundo.

viernes, 21 de abril de 2017

Viernes, 21 d abril

Las grandes batallas intelectuales de nuestra juventud desaparecieron. Las que importan -no las ideológicas: las que planteaban si era posible ser fidedigno en la expresión del balbuceo de lo que nace o, por el contrario, era necesario desvirtuar dicha expresión mediante la interpretación y la expresión literarias.
Desaparecieron, en muchos casos, sin haber sido mínimamente planteadas. En parte sé por qué lo hicieron: porque renunciamos a la escritura blanca, al viaje al rincón del fuego, a ingresar para siempre en el reino del silencio.
Y por eso, que cualquier creador principiante debería al menos tomar en consideración, nos llamaron herméticos. Qué poco fuste el de los críticos, raza de fósiles, rumiantes de fórmulas fáciles, repetidores de fichas. Tampoco quisimos plantearles cara porque nuestra misión consistía en echar a andar la escritura, con o sin interpretación, tergiversando o creando otra realidad.
Luego se hizo el silencio. Navegábamos ya lejos de las costas. Había un gran silencio humano alrededor. Solo se escuchaba el estrépito de las máquinas en nuestra mente.
Ahora que empiezan a volver las golondrinas, lo rememoro. Ellas ya estaban presentes cuando se producían aquellos combates ensañados y sin testigos, contra nosotros mismos. Y asistiendo a los amores rotos, que iban desprendiendo los tablones de nuestra embarcación.
Volvíamos a la intemperie de la infancia, la intemperie que nunca nos ha querido abandonar, cada vez más solos, pero también -desde hace tiempo- cada vez más indolentes respecto a lo que pudieran decir los otros.
¿Los otros? Cuánta sombra de nombres mezclada con la sombra de la noche, la de los días adversos y la que dejaba la batalla como si se trataran de ferralla. Sombra y ceniza y solo el viento.
Sombra y ceniza, y solo el viento a veces iluminado, nos acompañan cuando somos conscientes de lo poco que nos queda para que todo se termine, como al principio, cargado de significado y expectativas, en el mismo espacio o respiración que también nos decían: Nada hay. No habrá testigos de tu viaje. Se alisará cuanto fue levantado.

sábado, 15 de abril de 2017

Sábado, 15 de abril

Sí, ya están aquí, sus primeras rondas, todavía alejados de los tejados, los vencejos, y las flores blancas de las acacias.

sábado, 8 de abril de 2017

Sábado, 8 de abril

Una vez sintió pánico cuando echó las cuentas del tiempo en que estuvo con B., ella en Las Palmas y él en Barcelona. Un amor que se arrastró por Córdoba y Granada y se fue a morir a Gran Canaria.
Cosas como éstas ahora las tiene controladas: pertenecen a los caprichos de la memoria: espejismos, guadianas, socavones sin rastros.
En lo único que no había reparado todavía es que, esta mañana, al abrir un libro de poemas que había adquirido por internet (En tregua, ahora devuelto al título original: Para enterrar a los muertos en las palabras), le marease el año de publicación, con prólogo de Ana Becciu y al cuidado de Ana María Moix, dos amigas, la primera desaparecida (¿en el Pirinero?); la segunda llevada por un cáncer.
Una vez más, es como si la memoria tuviera la misma relevancia que una ficción creada por él, mientras la fecha de publicación, 2001, fuera una fecha incontrovertible y ajena a su voluntad del trazado de su vida, solo válida, si acaso, para los cronistas de la literatura.

lunes, 3 de abril de 2017

Jueves, 5 de abril

Cuando nadie ya lo mira...
Esta expresión podría dar a entender que, hace muchísimo tiempo, había alguien que lo miraba.
Y parece no acordarse él de las veces que se retiraba de una sala, tomaba la primera calle y se alejaba mientras los vencejos gritaban sobre su sombra.
¿Cuándo alguien lo ha mirado alguna vez? ¿Y qué sentido tiene, qué peso tiene el que lo miren?
Siempre han ido sus ojos hacia las playas vacías, hacia el océano al anochecer, hacia las nubes.
Y cuando vio en los ojos de alguien, parecía que otro, ajeno a la escena, cantaba la pena y la despedida.

Como si su memoria no tuviera relevancia. O la misma que puede otorgarle a una ficción. Mientras que la natación de una obra, que ha comprado por internet, fuera una piedra de lastre, una piedra científica, que lo ata, aunque no quiera, a la vida oficial, repleta de fechas incontrovertibles siquiera para los otros, los cronistas.

Miércoles, 4 de abril

En el espacio las estrellas no parpadean. Solo en nuestros ojos lloran.

jueves, 30 de marzo de 2017

Jueves, 30 de marzo

Precipitación, qué dura es tu doma. Tantos años leyendo los diarios de Paul Léautaud en su idioma original, y sucumbo, sin más, a una amplísima muestra de su Journal littéraire traducida a tientas por Cecilia Yepes. 
Por eso me extraña (es un decir) que un medrante, tan ufano como siempre en su epentésisco blog, se pinte leyendo a Léautaud con las piernas sobre el salpicadero del coche de su mujer, esa santa que tanto le hace de choferesa como de su mantenedora en Londres.
El medrante en cuestión es el mismo que sacó en una revista, y luego en ese blog suyo que no conoce ni la vergüenza ni el punto y aparte, una impresión de la Fira del Llibre d'Ocasió Antic i Modern de Barcelona. 
No sale bien en el retrato un librero de viejo, conocido por su acritud y sus manías insufribles, que me cedió un espacio ínfimo de su parada para que vendiera mis libros. Tampoco yo: "También están los que no están. Hace dos temporadas, me di de bruces, para mi espanto, con un poeta canario afincado en Barcelona que estaba vendiendo los libros de uno de los libreros más aborrecibles de la feria, un individuo capaz de increparte por haber desplazado unos milímetros los volúmenes dispuestos en el estante. Pensé que Dios –o el diablo– los criaba y ellos se juntaban. Este año, por fortuna, el canario que gorjea pestes no se ha personado, pero el librero, malcarado como siempre, todavía está ahí."
Solo un mogate que hace versos, funcionario de la Generalitat y ahora de la Junta de Extremadura, puede ser tan barato caracterizándome como "canario que gorjea pestes". Tantas luces se avienen, desde luego, con las de su libro La luz oída, premiado con un Adonáis.
En fin, que hay que seguir leyendo a Léauteaud en francés, y esperar, si acaso,  a que algún día aparezca alguien con buen oído y mejor tino en el arte de la traducción.
Pero, por favor, no lea usted un tocho mal traducido con los pelos al aire y los pies en el salpicadero mientras su santa lo pasea por Extremadura.

domingo, 26 de marzo de 2017

Domingo, 26 de marzo

La vida era lo que prometía que ibas a alcanzar. Más tarde fue lo que ignorabas a tus espaldas.

sábado, 4 de marzo de 2017

Sábado, 4 de marzo

Aldebarán, por encima de la luna creciente, un poco a la izquierda. Martes, Urano y Venus, casi tocando el horizonte.
El jueves envié por mensajería las pruebas corregidas de La próxima vez (2008-2009). Corregidas... Desarmaría la inmensa mayoría de los párrafos; construiría las frases de otra manera; eliminaría casi todos los adjetivos, y las tantísimas vaguedades líricas.
Con motivo de la edición de esta tercera entrega de mis diarios, es posible que viaje a Las Palmas y a Tenerife. Luego vendrá lo conocido, lo que tanto me harta. Y otra vez la soledad.
¿Voy a ser en serio un solitario? Nunca me he buscado una etiqueta, los solitarios... Solo sé que apenas tengo paciencia para con los hombres.
Ahora me gustaría estar sentado en La Punta, en un extremo del camino que sigue al mar, frente a Dos Hermanos, observando los tonos lilas y malvas del cielo, todo ello atravesado por los recuerdos flotantes, las visiones cinematográficas de las vidas vividas con dolor y torpeza.
Qué ganas de terminar ya. Demasiado tiempo aquí, demasiado.

martes, 21 de febrero de 2017

Lunes, 21 de febrero

Me siento rozado por esta ciudad, qué duda cabe -tantísimos años después. Mi Barcelona. Pero nunca se me secará el escalofrío del extranjero.
(¿Pero tú piensas todavía en volver?, me preguntó semanas atrás M.). Y es como el anciano obcecado, de una sola idea fija, que solo señala un punto: volver, allá.
Como si  en Allá no sintiera la misma angustia de esta tarde, caminando en zigzag desde París a Villarroel, tropezando con todas las fruterías, patios de vecindad ocupados, tiendas vintage, añejas cafeterías regentadas por ciudadanos chinos (siempre los más sonrientes y educados), turistas, macarras autóctonos y foráneos, prostitutas de pueblo y de pueblos foráneos, jóvenes feas con vocación y como si hubieran saltado de una foto de 1940, aislados edificios modernistas, congregados edificios Núñez i Navarro, pisos, banderas esteladas, balcones ínfimos, estelas de aviones, almeces, tiendas de móviles, tiendas de textiles catalanes rebajados todo el año...
Llegué hasta Sant Antoni -meses sin visitarlo en domingo- y entonces me sosegué. Todos domesticamos porciones de ciudad. Todos nos agarramos a una identidad con tal de no enloquecer.
Me sosegué, de vuelta a mi "paraíso": las camareras marroquíes, las encargadas rusas de la inmobiliaria, las pijas de cada día.
Y sin embargo, tampoco soy eso.

viernes, 17 de febrero de 2017

Viernes, 17 de febrero

Las fotos tienen el tiempo de las flores.
Así nos sorprenden en la mano o en la pared, añaden color donde hacía falta, y un día llenan el aire de menudencia.
Con tantas menudencias hemos ido creciendo que ya -hace tiempo- sentimos que hemos vivido demasiadas celebraciones.
No hay nada que quepa guardar que no se sostenga en la memoria. Y si la memoria también se agosta, creamos, por fidelidad a nuestro esfuerzo, que todo se hizo sangre y la sangre algún noche se elevará para ser huella de una nube de paso.